viernes 25 de febrero de 2011

Día 59. La autopsia de cupido


24 de febrero. Y regresamos para la revancha. Transportada a la tonalidad de La Mayor durante la grabación de voces hace dos semanas, era necesario cortar para la Princesa un vestido a su medida. Así que llegó el buen Fredy con hilo, aguja y retazos de tela para hacerla de sastrecillo valiente. Inició la sesión reviviendo un éxito de ayer: Pasitos de Ratón. Por más esfuerzos que hicimos, en dos horas no pudimos quitar la estática de los amplificadores. Intentamos con un regulador y nada, con otra guitarra y nada, con otro amplificador, otros cables, otro pedal, otra pila y lo mismo: un eléctrico roedor bailaba por bulerías sobre nuestros monitores. Esperando en un rincón, la Princesa comenzaba a tiritar de frío y nosotros sin tener a la mano un sarape que ofrecerle. Casi resignados a suspender la grabación, vino la respuesta a través de la boca de un plantígrado profeta: ¿por qué no intentar conectando todo en la cabina? Con una mudanza de tres minutos quedó erradicada la peor y última de las plagas que azotaron Egipto: la de los ratones bailarines. Como un bajista de Hammelin, el Oso Mandujano ofrece desde hoy su servicios como exterminador de roedores a sueldo.
Y al César lo que es del César, lo demás fue pan comido. En primera porque el sastrecillo sabe bien por dónde bordar, y además porque la Princesa de Neza, aunque la vistan de seda, sigue siendo lo que es: un rocanrolito guitarreable, mayor de modo y edad, un tema fiel para abrir los conciertos de La Mula. En ocho tomas y media terminó Fredy de bordar estrofas, coros y solos, y pudimos por fin disfrutar de la primera versión escuchable de esta rola.
Ocupados durante las últimas semanas en vigilar el precio real de la tortilla, no habíamos vuelto a escuchar la renovada lírica: "...es Sancho Panza que sigue soñando con Dulcinea, son las rayas sin el tigre, serenata en tu banqueta, chocolates para tu tristeza... Princesa". Y en verdad os digo que a mí no me desagradan estos versos, premoderna y acaramelada reflexión en primera persona de lo que significa enamorarse: esa acrobacia emocional tan poco práctica para el bolsillo, ese último acto de indigencia genuina que distingue al hombre común del asaltabancos (Señoritas pasajeras, les vengo pidiendo un poco de amor que no afecte su economía, por que más vale pedir honestamente que robar a la mala... )

ponle a grabar...

Pero mueve el pie...

Pero Princesa rima con fresa y cantar versos de amor en el siglo XXI no parece ser un buen negocio. ¿Qué pensarían de nosotros Petrarca, Quevedo y mi querida Juana Inés? ¿qué pensarían Hendrix y Kurt Cobain? Porque ya sabemos que en este reino donde las comadres chismorrean en los l@vaderos virtu@les del twitter y los solitarios se consuelan con cibersexo al ritmo de la barra espaciadora, el amor es apenas un pretexto comercial, un burocrático requisito para llegar a la verdadera relación de pareja que define al siglo XXI; la de los EX. Aceptémoslo, es allí donde muchos corazones encuentran su palpitar verdadero: enganchados con la adrenalina de ese bungee emocional que es la separación, van por la vida buscando una pareja a quien olvidar, o mejor aún a quien pintarle en la frente (como agitando el mítico espadín del Zorro) esas dos letras: EX. Rotundo fracaso del proyecto de cupido, el angelito de las flechas de oro se ha suicidado y hoy el mundo está lleno de exnovios, examantes, exmaridos... Y entonces sí que aplica la que dijo Silvio: serruchen los bienes y si es necesario, serruchen también la casa y los niños. ¡Arránquense muchachos! Te vas porque yo quiero que te vayas...


No es tan triste el caso de La Mula de Sietes, porque antes de afiliarnos al adolorido club de Paquita la del Barrio, preferimos (como José Martí) echar nuestros rocanroles del alma y dejar que con el tiempo y el slam demuestren lo que de ángel o batracio guardan las musas. Y no sé si es por ingenuidad reincidente o por llevarle la contra al mundo, pero yo sigo soñando con Dulcinea...

Continuará...