"...que en un juego sinfónico articula
mezclando en la insistencia de los ritmos:
¡planta-semilla-planta!
¡planta-semilla-planta!"
José Gorostiza, Muerte sin fin
Andrea Orea y su mágica SG
Viernes 28 de enero. Un largo descanso para atar cabos sueltos y una afortunada confusión en la agenda hicieron posible una noche más que memorable: la grabación de De vuelta a la madera, con Andrea Orea como invitada en la guitarra.
Amiga de riffs desde hace casi cinco años, Andy es lo que resultaría de la mezcla genética entre Bellota Superpoderosa, el Sub Marcos, Sor Juana Inés de la Cruz y Kurt Cobain. Siempre con el acorde preciso en la mano, no se trata de la primera ocasión que La Mula de Sietes cuenta con el privilegio de tener a Andrea entre sus filas. Pero esta vez no era un inocente palomazo: en la grabación de un tema hay siempre algo de asesinato, de crimen pasional, y si uno se pone nervioso es porque sabe que, cada vez que lo escuche, volverá una y otra vez a la escena del crimen. Grabar es siempre condenarse por la propia mano.
Pasadas las siete de la tarde llegamos a Estudios Metztli, tan sólo para confirmar lo que ya sospechábamos en el camino: a pesar del paquidérmico tráfico (algo más que normal en esta, nuestra región más transparente) estábamos llegando a grabar antes de tiempo, veinticuatro horas antes, para ser precisos, porque la cita era el sábado y no el viernes. Quiso la fortuna que Edenir estuviera allí y que además tuviera el tiempo disponible, así que el error se volvió acierto. En el día 28 del año del conejo, se conectaron las guitarras, los pedales y los micrófonos: todo confabulaba a nuestro favor.
Mariana Janel, inspectora forestal invitada
De vuelta a la madera nació de una visión hace ya algunos años, cuando era estudiante de Sociología. Aquella mañana viajaba de Tlaxcala a Puebla en una vieja combi del 77, cuando a lo lejos distinguí un grupo de personas que parecían estar pidiendo un ride a la orilla de la carretera. Acostumbrado yo mismo a pedir aventón desde la adolescencia, procuro ser recíproco con aquellos que encuentro en el camino, pero esta vez viajaba solo, y no parecía muy buena idea subir a cinco o seis extraños en el vehículo. La gente de la Universidad de Tlaxcala (quienes me prestaron la combi) habían sido muy enfáticos respecto a los asaltos en la carretera durante las últimas semanas. Preferí no arriesgarme, esta vez pasaría de largo. Conforme avanzaba, me di cuenta que lo que había confundido con personas era en realidad un grupo de árboles medianos en los que alguien había colgado su ropa a secar. Pantalones, camisas, playeras y hasta zapatos pendían de las ramas. Con un poco de imaginación uno podía creer que aquellos árboles querían remediar así su desnudez... o que iban huyendo de algo. La idea, que al principio me causó risa, fue madurando durante los siguientes noventa kilómetros hasta convertirse en una revelación abrumadora: comprendí entonces que en la ley de la conservación de la materia está contenido el principio elemental de la reencarnación: los átomos que hoy me componen fueron alguna vez tierra, agua, plantas, peces, piedras... Yo también, alguna vez, fui un árbol... y con toda seguridad volveré a serlo.
Quedé irremediablemente marcado por esta idea, pero fue un par de meses más tarde que escribí la canción, de un solo impulso, como obedeciendo a un dictado invisible. En las bodegas de una tienda en la que trabajaba por las tardes, y rayoneando las estrofas al reverso de una factura que nunca pudo llegar a su destino, nacieron simultáneamente los versos, la melodía y la armonía de De vuelta a la madera. Aún ahora sigo preguntándome si no la habré elaborado de manera inconsciente, dejando hablar a la memoria de mis átomos...
Pero hoy mis átomos estaban en estudios Metztli y Andrea ya estaba grabando su segundo solo de la noche... Desde los controles, El Oso Mandujano y Edenir López reforestaban nuestro disco, mientras Andrea y su Gibson SG (que en otros tiempos fue también un árbol) dibujaban quetzales y tapires, jaguares, iguanas y hormigas entre las espesas estrofas del tema:
Alguna vez fui un árbol
lo tengo en la memoria
eso fue hace mucho tiempo
era un hueco de la historia
fui hojas, fui corteza
fui raíces, fui madera
verde que sube al cielo
sin soltarse de la tierra
Frino y Andy antes de empezar
En menos de dos horas la rola quedó casi terminada: De vuelta a la madera es un tema con muchos contrastes, un grito que va del verde al gris, del musgo al chapopote, de la guitarra acústica al riff distorsionado. Comienza con un pasaje tranquilo, en La menor, que favorece a la fotosíntesis y las buenas cosechas. Todo parece en calma cuando, hacia la mitad de la canción, los tambores del Lanudo regresan al continente primigenio, a la Pangea. Toda la civilización y el lenguaje humanos desandaban su camino en dos compases: las catedrales vuelven a ser piedra informe, el petróleo regresa a dormir su sueño subterráneo, las ciudades vuelven a ser inhóspitos valles, lagunas, ríos y pantanos. El hombre se desnuda y sube al árbol, temeroso del lobo y la serpiente, olvidando los nombres de las cosas. El rayo es otra vez la cólera sin nombre, el viento una invisible voluntad. Sobre el riff con distorsión, los versos se precipitan, mientras Lanudo, esta vez en la guitarra, desgrana un solo centelleante, casi olímpico:
Y ahora soy pies que se arrastran
enjaulados en zapatos
con el paso del que no sabe quién es
ni a dónde va
con el insomnio del que va
dejando huellas en la arena de un desierto
y que arrastra el corazón
con ese miedo del que huye
pero no sabe de qué
-de la locura- y el que va dejando un rastro
que seguir en su carrera hacia aquel bosque
donde me sentía seguro
como en el vientre de una madre
hecha de tierra
Lanudo, el guitarrista con baquetas
No se equivocaba Carpentier: la vida es un anillo de Moebius, un eterno regreso a la semilla, la piedra que Sísifo empuja una y otra vez hasta la cima.
Falta repetir algunas tomas de la armonía, grabar las segundas y terceras voces (que avanzan formando acordes) y cuadrar algunos desperfectos en la mezcla, pero el tema ya suena muy cercano a lo que será el resultado final. Y es que, con De vuelta a la madera, la primera parte del disco está casi terminada. Muchas gracias Andrea, por compartirnos tu talento, te lo digo de árbol a árbol.
Continuará...

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