jueves 20 de enero de 2011

Día 21: Un suicidio al revés



Domingo 16 de enero. El solo de bajo de Malamuerte fue una tarea fácil para el Oso Mandujano. Será que ya lo traía muy estudiado o que las musas por fin cedieron ante sus sobornos, pero para la tercera toma ya teníamos en la jaula al elefante de Gaspar. Con esa toma completábamos oficialmente la mitad de nuestro disco y la sesión tenía todavía mucho que ofrecer. Decidimos aprovechar que el viento soplaba a favor y grabar las guitarras de Águila o sol, uno de los temas que tenemos más abandonados. Y mientras Fredy se conecta y hace su parte con los trastes y las cuerdas, yo me decido a intentar lo que todas nuestras abuelas aseguran que es imposible: enderezar un árbol que creció torcido. Porque los versos de esta canción no saben quedarse quietos y desde hace rato están pidiendo una mano. Es mejor antes que luego, así que sobre el muerto las Victorias...
Águila o Sol nació hace casi nueve años, en junio de 2002, en un hostal del casco antiguo en la ciudad de Panamá. Es uno de esos extraños casos en los que música y letra se pelean por salir primero, y por eso no es raro que algunas de sus frases hayan quedado atropelladas. Alguna piedrita debía traer en el miocardio cuando la escribí, porque en vez de abordar una salsa o un tamborito, (que sería lo más congruente estando en Panamá) decidí escribir un blues antiexistencialista. Dicen las primeras dos estrofas:

Hoy estoy triste
y del color de mi canción
no todo está perdido
pero ¿quién pude decirme
en dónde diablos estoy?

Si me busco no me encuentro
si me encuentro no era yo
y al final, en este cuento,
resulta que era un invento
y el cuento nunca empezó

Fredy, el Oso mandujano y Edenir

Cuentan los que saben que todo blues que se respete a sí mismo debe contener algo de alcohol y algo de muerte. Será por eso que la música del Mississippi guarda ese carácter de quien no anhela sino un lugarcito en la cama de la flaca. Pero aquella tarde de 2002 yo no quería huir del mundo para caer en el féretro del lugar común, sino escribir sobre lo único que puede ser más trágico que un suicida: Águila o Sol es el himno de un muerto que quiere vivir y no puede, el Blues de Comala, un suicidio al revés, los lamentos de un fantasma sin un cuerpo que arrastrar: una alegoría del amante no correspondido. Lo cierto es que ni la vida ni la muerte (esas dos caras de la moneda) están para cumplirnos los caprichos, y quien haya vivido una desilusión cardiaca sabe bien que, mucho más que una bala calibre 45, duele el NO a quemarropa de la persona amada. Pero el mundo es como es y la vida debe continuar aunque el corazón esté en el Montepío. Cantan la tercera estrofa y el coro de Águila o sol:

Atravieso las paredes
como si fuera un fantasma
que sigue su propio rastro
como un caracol humano
sobre sus propias pisadas

Y he dejado el corazón
en un bote de basura
si lo llegan a encontrar
no le hagan caso por favor
es una caricatura
Y he dejado el corazón
en un bote de basura
si lo llegan a encontrar
no le hagan caso, no hay razón:
ha perdido la cordura...

La Ouija...

Algunos espíritus chocarreros

El final de la rola no es sorpresivo en absoluto, porque no hay sorpresas en la desesperanza. Para quien va muerto por la vida, da lo mismo recibir un tiro que cincuenta. Eso ya lo sabía Dante al cruzar la puerta del inframundo. Y por esos rumbos es que concluye nuestro blues:

...lo decidirá el destino
jugándolo a águila o sol:
águila, me pego un tiro
y si es sol, me pego dos

En eso estaba una década después, ocupado en borronear recuerdos, mientras en la sala de grabación Edenir y Fredy (el mágico dúo López) intentaban cazar un solo de guitarra eléctrica. Tras dos horas intentando buscar sinónimos quedé sin ánimos. Decidí no cambiar ni una palabra, porque al final mi abuela tenía razón: no se puede corregir a un árbol que ya creció torcido...


Continuará...