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martes 2 de febrero de 2010

Sangre y Cebollas

Hace un siglo que Miguel Hernández nació en Orihuela, un pueblito al sur de España. Durante sus primeros años fue, continuando con el oficio de su padre, un humilde pastor de cabras. Cuando cumplió diez, lo enviaron a estudiar con los jesuitas en el colegio de Santo Domingo, en donde sus profesores advirtieron su natural inteligencia y su gusto por las letras. Tanto empeño mostraba en sus estudios, que los curas le aconsejaron al padre de Miguel que le costease una carrera. Pero no fue así y Miguel tuvo que regresar al cuidado de las cabras, alternando ese oficio con la tarea de repartidor de leche. Para su fortuna, pronto encontró a un grupo de muchachos aficionados a escribir versos. Su amistad con los hermanos Fenoll y con Ramón Sijé habría de ser decisiva para estimular su vocación literaria. Fue gracias a éste último que tuvo acceso a la poesía de Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Darío, Machado y García Lorca.

Al poco tiempo, Miguel no pudo soportar el ambiente estrecho de Orihuela, así que decidió emigrar a Madrid, no sin antes escribirle una carta a Juan Ramón Jiménez, —el poeta que más admiraba— para anunciarle su viaje: “Tengo un millar de versos escritos sin publicar y no sé que hacer con ellos. A veces me digo que quemarlos tal vez fuera lo mejor. Soñador, como otros tantos, quiero ir a Madrid. Abandonaré las cabras y con el escaso cobre que puedan darme tomaré el tren para la corte. ¿Podría usted recibirme en su casa y leer lo que le lleve?

No se sabe si Jiménez le contestó aquella carta, lo cierto es que a las pocas semanas Miguel Hernández llegó a Madrid. Lleno de ilusiones respecto a hacerse de un nombre en la poesía, intentó publicar, pero tras algunas semanas de constantes negativas y ya sin dinero, decidió regresar a Orihuela.

Sin embargo, el llamado de la poesía era tal, que Miguel continuó escribiendo y en 1932 logró su primera publicación, Perito en lunas, un poemario del que sólo se vendieron unos pocos ejemplares. Con todo, reseñas muy elogiosas aparecieron en algunos periódicos de Murcia, lo que significó una nueva motivación para Miguel, que decidió regresar a Madrid. Esta vez fue recibido en la casa de Pablo Neruda, con quien logró construir una sólida amistad. El poeta chileno lo recuerda así en sus memorias: “Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él. Tenía una cara de terrón o de papa que se saca de entre las raíces y que conserva frescura subterránea. Me contaba cuentos terrestres de animales y pájaros. Era un escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad selvática y arrolladora fuerza vital. Otras veces me hablaba del canto de los ruiseñores. El Levante español, de donde provenía, estaba cargado de naranjos en flor y de ruiseñores. Como en mi país no existe ese pájaro, ese sublime cantor, el loco de Miguel quería darme la más viva expresión plástica de su poderío. Se encaramaba a un árbol de la calle y desde las más altas ramas, silbaba o trinaba como sus amados pájaros natales.” (de Confieso que he vivido, Memorias de Pablo Neruda)

La opinión que Neruda tiene de Hernández no se limita a recordar las anécdotas. También comenta su obra: “Los elementos mismos de la poesía los vi salir de sus palabras, pero alterados ahora por una nueva magnitud, por un resplandor salvaje, por el milagro de la sangre vieja transformada en un hijo. En mis años de poeta, y de poeta errante, puedo afirmar que la vida no me ha dado contemplar un fenómeno igual de vocación y de eléctrica sabiduría verbal.”

Se equivoca quien pudiera pensar que se trata sólo de elogios entre amigos. Por el contrario, pasaron décadas antes de que el mundo comenzara a hacer justo reconocimiento a los versos de este poeta, uno de los más grandes que haya visto el siglo pasado. La voz de Miguel Hernández puede alcanzar la desesperanza más profunda o la ternura más alta, siempre al cuidado de la perfección formal (clara herencia de su amor por la obra de Góngora) y de la intensidad de las imágenes y las metáforas que trinan sobre las ramas de sus versos. Dos poemas bastan para demostrar esta afirmación. Nanas de la cebolla es conocido por las versiones que de él han hecho cantantes como Joan Manuel Serrat o Alberto Cortez, pero pocos saben la historia que hay detrás de esta canción de cuna. Al final de la guerra civil española, en 1939, Miguel Hernández fue condenado a muerte por su actividad política, pero gracias a la intervención de sus amigos logró que su condena fuera cambiada por treinta años de prisión. Ya en el encierro recibe una carta de su esposa, Josefina Manresa, contándole que por la precaria situación en la que viven ella y su hijo, puede alimentarse sólo con pan y cebollas. De esta dolorosa experiencia emerge el poema, del que cito un fragmento:

En la cuna del hambre

mi niño estaba,

con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

Una mujer morena

resuelta en luna

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete, niño,

Que te tragas la luna

Cuando es preciso.

[…] Vuela, niño, en la doble

luna del pecho:

él triste de cebolla

tú , satisfecho.

No te derrumbes

no sepas lo que pasa

ni lo que ocurre.

En una doble alegoría, Miguel hace de la cebolla —ese ácido bulbo que sirve para aderezar algunos platillos—, una luna redonda y dulce, comparándola también con la doble luna del pecho que alimenta a su hijo. Así, la blanca sangre de las cebollas (la leche materna), es la luna azucarada que asegura la vida del bebé. En otras partes del poema, Miguel habla de su estancia en la cárcel, lejos de su hijo: “Tu risa me hace libre, me pone alas/ soledades me quita, cárcel me arranca […] es tu risa la espada más victoriosa/ vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol, porvenir de mis huesos y de mi amor.”

En Sino sangriento, por el contrario, encontramos una voz amarga, que con un aliento más largo canta a la desesperanza y a la muerte. Escrito muchos años antes de entrar en prisión, el pastor de Orihuela parece vislumbrar su trágico final:

De sangre en sangre vengo,

como el mar de ola en ola […]

Me persigue la sangre ávida y fiera

desde que fui fundado

y aun antes de que fuera

proferido, empujado

por mi madre a esta tierra codiciosa

que de los pies me tira y del costado

y cada vez más fuerte hacia la fosa.

Lucho contra la sangre, me debato

contra tanto zarpazo y tanta vena

y cada cuerpo que tropiezo y trato

es otro borbotón de sangre otra cadena.

Miguel Hernández murió el 24 de marzo de 1942, en la madrugada, por una complicación de tuberculosis pulmonar. Tenía sólo 32 años. Tal vez, como dijo Neruda “el ruiseñor no resistió el cautiverio”. Como afirmé antes, su obra es una de las más sólidas de la poesía en nuestra lengua, y debo agregar que goza de una vigencia de la que pocos poetas pueden presumir. Hoy que las ideologías parecen obsoletas y la falta de compromiso caracteriza a las nuevas voces (no sólo en lo social, también respecto a la tradición y hacia la lengua misma), es importante propiciar el redescubrimiento de figuras como la de Miguel Hernández. Muchos homenajes vendrán este año para el pastor de Orihuela: discos, ediciones de lujo de su obra, charlas y conferencias en las ferias de libros. Pero, sin dudas, el mejor homenaje será leerlo.

lunes 18 de enero de 2010

Cliserio vuela otra vez

MATb Compañía de Teatro y Títeres presenta:

“El vuelo de Cliserio”

(Teatro para niños)

Faro de Iztacalco

Oriente 255 entre sur 24 y sur 28

Colonia Agrícola Oriental. México D.F.

Jueves 21 de enero 4:00 pm

Viernes 22 de enero 4:00 pm

Domingo 24 de enero 2:00 pm

Entrada Libre

Basada en una anécdota real, El vuelo de Cliserio es una obra amena y divertida que se aleja de los estereotipos del arte para niños. Premio Nacional de Literatura Bellas Artes 2007, en esta comedia se tratan temas que hasta hace poco parecía difícil explicar a los pequeños: la migración, la pobreza y la discriminación de los indocumentados en los Estados Unidos.

Cliserio es un muchacho campesino que sueña con volar. Los aviones, en su ruta al aeropuerto, sobrevuelan los surcos en los que él trabaja, aunque está casi resignado a irse de mojado a los Estados Unidos como su padre y sus hermanos. Un día, sobre las mazorcas de su sembradío, aterriza Fender, un pato excéntrico que lanza frases incoherentes y propuestas absurdas. El pueblo entero se ve alterado por la llegada del emplumado migrante: para unos, es un héroe de la Segunda Guerra Mundial, para otros es simplemente un fanfarrón y un hablador que ha venido a burlarse de ellos ¿Podrá Fender enseñar a Cliserio los secretos para conquistar el cielo?

Dirección: Gioconda Garrido

Rodrigo Sanmartín es Fender. Andrés Herrera es El señor Alatriste. Mauricio Pérez es Cliserio. Lua es Atzimba. César Martínez es López. Javier Marte es Serioclis


miércoles 13 de enero de 2010

Volteando a las vacas sagradas



Ya antes hemos hablado en este espacio del trabajo de santa Norah Jones, patrona de los bluseros desesperados. Hoy quisiera referirme a su disco más desconocido, un disco hecho por el gusto de sonar como texanos de verdad, de esos que prefieren disparar acordes y no balas.

Muy bien camuflada tras el nombre de una anónima banda, la hija más hermosa del Ravi Shankar trae trece nuevos mandamientos digitales envasados por Milking Bull Records. Homónimos son el compacto y la banda: The Little Willies.

Cuentan ellos que todo empezó como unas intensas ganas de palomear sus rolas favoritas en un bar, allá por dosmiltrés. The Living Room, en Nueva York, ofreció la cancha, las porterías y el balón para la cascarita. Sólo faltaba invitar a la bandera. Los elegidos fueron Lee Alexander en el bajo, Jim Campilongo en las liras eléctricas, Norah Jones tocando el piano y cantando, Richard Julian en la voz principal. Además, Dan Rieser fue el comisionado para tocar la batería. Pronto se dieron cuenta de que todos ellos compartían influencias comunes; a todos les latían las rolas de Willie Nelson y de Hank Williams. De allí tomaron el nombre; Los Pequeños Willies. Cuando acordaron ya habían pasado seis horas roleando. Por hoy ya estuvo bien, pero luego le seguimos.

Serían promesas de borrachos o no, todos quedaron de verse allí cada vez que se pudiera. Dos de ellos, Norah y Lee, ya eran estrellas con giras mundiales programadas en sus agendas. Norah incluso había ganado siete grammys con su disco Come Away with me. Los demás, ocupados en grabaciones, clases y sus propios proyectos musicales, también la veían difícil, pero, cada que había modo, la paloma aleteaba en The Living Room. Así pasaron dos años.

Con la solvencia que permite el estrellato, a Norah se le ocurrió que The Little Willies debía grabar su propio disco; la gente también tenía derecho a disfrutar de estos encuentros. El único problema es que ella ya estaba en una banda famosa (Norah Jones & The Handsome Band) y dice Ratzinger que nadie puede ser líder de dos bandas exitosas al mismo tiempo. Por fortuna, la idea era mantener a los Willies con ese bajo perfil, disfrutando la travesura del anonimato, como Los Versos del Capitán de Neruda o el H. Bustos Domeq de Borges y Bioy Casares. El disco se distribuiría con una empresa pequeña, y no habría giras de meses cruzando fronteras y océanos. Además, la idea era grabar los covers que palomeaban en las sesiones. Así se planeó el compacto. Se hizo la grabación y vio Norah que todo lo que había hecho era bueno y descansó el séptimo día.

Esa es la versión romántica de la historia de esta banda, y con esa me quedo. Es suficiente escuchar tres de las canciones para conocer la calidad de la melcocha: Streets of Baltimore, Love me y It’s not you, It’s me. Las guitarras con Slide, el contrabajo y los intervalos entre las voces de Jones y Julian, hacen de este un material imprescindible para los que gustan del country, del blues o del jazz que supone la canción popular al norte del Bravo. Hay, en este disco, la libertad necesaria para sonar como una banda de cochera que disfruta lo que hace. Estos cinco chamacos están cantando las canciones que les gustan, no fisionando isótopos en Ucrania. Su trabajo es feliz y eso se nota. Otras de las rolas que hay que escuchar en este disco son la ya mencionada Roly Poly de Fred Rose, I Gotta get Drunk de Willie Nelson, Best Of all Possible Worlds de Kris Kristoferson.

El compacto cierra con Lou Reed, una divertida composición colectiva de los Willies, interpretada con el desenfado que sólo dan cinco budweisers en la buchaca. Me agrada escuchar a estos grandes músicos desafinar por gusto, jurando que han visto a Lou Reed volteando a una vaca a la orilla de la carretera, y aporrear sus instrumentos con ternura. Muy bien por Los Pequeños Willies: ¡Salud por la paloma!

lunes 14 de diciembre de 2009

décimas de borrachos



El aprendizaje de la retórica no es cosa fácil y hay que asegurarlo aún a través de los métodos más inesperados. Así que fui con mi buen amigo Trejo, hábil poeta del desierto, a un cultural recinto para darle una boleada al espíritu. En socrática borrachera, nos sorprendieron las musas saliendo de la pulquería y que se arma la disertación sobre el futuro de la lírica nacional a decimazos. Como dispensa valga decir que estudios muy recientes de la EMRP demuestran que el curado de apio es el remedio más eficaz contra el virus de la H1 N1, (desbancando al Tamiflu), ya se preparan barricas del mexicano néctar para exportarlo en filantrópica acción humanitaria...

Trejo :

Raspo un envase de fanta

por moneditas de a peso,

es por no sentirme tieso

guapéale, Frino, ¡canta!

y si está el virus que espanta

me arrimaré el tapaboca

chicu, chichicu, que toca

la banda, y ya sin vergüenza

bailo en honor a la influenza.

te paso el güiro, te toca.


Frino:

Sigue sonando la orquesta

pero no encuentro al cantante

¿Estará, el sitio, vacante?

¿La plaza estará dispuesta?

Siempre quise, en una fiesta

echar mis versos a andar

como Sinatra cantar

disfrazado de pingüino

con una copa de vino

en el centro del lugar


Pero, aunque se sienta gacho

nuestra carrera es distinta

porque tenemos más pinta

para entretener borrachos

¡Poetas de populacho

échense una de Paquita!

El mundo no necesita

más divos con frac y guantes

eso -repito- era antes

y aunque es la verdad, me agüita.


Trejo:

¿En serio? a un grammy le tiro

¿Y me vienes a ubicar

con que Furia Musical

le viene más a mi güiro?

Yo por Beethoven me inspiro

y por las letras de Paz,

tres acordes por compás

y algunos versos sencillos

para hacer el estribillo

que a todos pone a bailar.


Es tan simple mi instrumento

cascarón de calabaza

que raspo y toda la raza

hace honor a mi talento.

Amigo, este es mi momento

voy directo al estrellato

no seré estrella de un rato

de eso estoy muy seguro

aplausos veo en mi futuro

con mi güiro y mi vibrato.


Frino:

Hablas con tal convicción

que ya me estás convenciendo

tu éxito va en crescendo

Cámara, luces y acción:

¡El Sinatra de Torreón

queda antes ustedes, señores!

te apuntan los reflectores

y el público te saluda…

sólo me queda una duda

¿cuándo harás versos mejores?


Porque el aplauso, mi hermano

es un instante de ruido

palmas chocando, sonido

que hace el pueblo con la mano,

oropel, destello vano

ratonera solipsista

pero aquí te va una pista

en la dirección correcta:

sólo la obra perfecta

calma la sed del artista


To be continued...


jueves 3 de diciembre de 2009

Briseño y su sangre azul


Nunca se vio maíz como este en los estantes de la Conasupo, y es que rara vez se dan mazorcas así por nuestras milpas. Pero se dieron y nació el disco Sangre azul. Puro blues made in Chimalistac. Producciones P&P lo pone en las tiendas, el autor es Guillermo Briseño.

La historia no es nueva, y hablar de Briseño es hablar de más de cuarenta años de hacer rock sobre un piano que va de Tijuana a Yucatán. Compositor y pianista ampliamente reconocido por su talento, ha grabado más de una decena de discos y escrito música para intérpretes como Eugenia León, El Tri, León Chávez Texeiro y Hebe Rosell. Memorables son sus discos Viaje al Espacio Visceral, De tripas corazón o El Conexionista II, y también la reciente antología Verde, Blanco y Colorado (Discos Pueblo 2001). Su disco Nada que Perder (BMG Ariola 1999) grabado a dúo con Betsy Pecanins es genuina agua de tlacote fluyendo a 24 bits. Pero parece que nada de eso ha dejado conforme a un Briseño que, para sacarse la espina o de plano dejársela enterrada, hoy nos trae uno de los mejores discos de blues que se han hecho en México, Sangre Azul. (P&P 2004).

Como el buen anfitrión que suele ser, desde la portada del compacto, Briseño recibe a sus invitados con unos versos que dejan clara su intención: Estoy hablando del nido en que la gente pronuncia su lengua primigenia como quien llama azul al blues.

El disco abre con un boggie: A mí que no me cuenten, que es ya un circo de dos pistas. Por un lado un Briseño virtuoso desgrana un piano a diez dedos, volando como quien se la acaba de mentar a una patrulla. Por el otro, un humor inteligente asoma la nariz desde las primeras sílabas. Sin dejar de observar las formas clásicas del blues, Briseño declara la nacionalidad de sus canciones recurriendo al verso popular en eufemística mezcla de albur, piropo y declaración de amor: No sé si un amor grande se tendría que presumir, sólo sé que ya no cabe y te quiero prevenir. En la segunda pieza, Azul Universidad, el azul del blues se trenza con el azul de la UNAM, alma mater de este pianista y, a su ver, el espacio intelectual desde donde se construye (o debería construirse) nuestro país. La armónica, los sintetizadores y las guitarras eléctricas, sobre una estructura clássica de 12 compases, marcan el lay down beat como los pasos de un dinosaurio agonizante que se arrastrara por las islas de la Ciudad Universitaria. En Guárdame Niña, rolita autobiográfica y retroprofética, Briseño vuelve a practicar el rappel en cerros viejos: … soy la prueba del presagio de la eterna juventud, por las noches toco el piano para curarme en salud. Por su parte, Juan Carlos Novelo le pega a sus botes con maestría, haciéndolos confesar un crimen que todavía no han cometido. Así, experimentando sobre diferentes formas siempre azulosas, llega Que se diga algo de ti, mitad homenaje y mitad chunga a los popotitos y las plagas de ayer, en una versión rocanroleada como el día que Carl Perkins tomó los canales de Xochimilco: Sentado en la banqueta mordiéndome las uñas, oí una voz interna que dijo ya no sufras, tu novia popotitos al fin fue descubierta como ex primer ministro y vive en Inglaterra. Sin duda dos temas que no se pueden pasar por alto son Un blues por Marx y Yo sabía que amarse duele. La primera, con letra de Guillermo Velázquez, hábil huapanguero de la Sierra de Guanajuato, y con acordes del propio Briseño, deviene un himno que lleva la guerra fría al defrost del microondas: Y es que cuando te ves años atrás, inquieta como un pez, joven y más, comprendes que la historia, México y Marx, son ya en lugar de euforia un blues de sax. La otra, Yo sabía que amarse duele, evade su carácter geográfico de última rola del compacto para adjudicarse el título de clímax descentrado y periférico. En blusera aparición de la santísima, el crescendo de esta canción lleva al estado de gracia propio de las musas que habitan los pantanos más densos del Mississippi. Honor a quien lo merece, Sangre Azul es también el resultado de los excelentes músicos que acompañan a Briseño: Jorge Rossell (bajo), Juan Carlos Novelo (batería), Federico Luna (armónica), Felipe Souza (guitarra), Baby Bátiz (coros) y Rey David Alejandre, Israel Tlaxcalteca, José Gala, Diego Maroto y Jaco González (Sección de Metales). Todos ellos, con paciencia, talento y colmillo, aportaron su dosis para que la sangre tomara su color natural. Enhorabuena por este disco que está destinado a ser una de las biblias del blues mexicano.

jueves 19 de noviembre de 2009

En el mar la rola es más sabrosa



La ciudad de México por fin tiene lo que le faltaba; una playa propia. Y no me refiero a las playas que Marcelo importa cada verano para que nos remojemos chapoteando en nuestros propios fluidos. Hablo de playas auténticas, permanentes, y que (lo mejor de todo), son portátiles. Me explico: los jóvenes chilangos, aburridos de dar vueltas por los centros comerciales y con poco presupuesto para acapulquear, han decidido que no se necesita del mar, ni del sol, ni de la arena para disfrutar de una buena tarde en la costa. Las olas, antes tan apreciadas por los practicantes del surf, ya no son imprescindibles; es más, mejor que no hagan olas. Todo lo que se requiere para una buena tarde en la playa es una guitarra eléctrica con mucho eco y un corazón adicto al rocanrol de los cangrejos…

El surf es un género musical que nació hacia los años cincuenta en las costas de California, donde la vida de los jóvenes transcurría en las playas, entre las olas y la arena, los bikinis y las tablas de surf, de allí su nombre. Caracterizado por la ausencia de voces (al menos en los inicios los temas eran instrumentales) y la presencia de guitarras eléctricas limpias que, gracias a la saturación de un efecto conocido como reverb (reverberación, eco) toman un sonido característico, este hermano menor del rock no es tan famoso como su explotado pariente. Los cincuentas y los sesentas fueron años de cambio (ya lo dijo San Dylan): los electrodomésticos llegaron a los hogares, la poesía tomaba las universidades, Fidel tomaba La Habana, las mujeres exigían su derecho a maltratarnos como mejor les pareciera; en fin, años felices que recuerdo con la nostalgia de quien no estaba allí. Algunos de esos cambios desataron polémica: la píldora anticonceptiva, las minifaldas y los bikinis, el rocanrol, la unión libre y la moda en el consumo de alucinógenos; travesurillas de muchachos. En ese contexto y con olor a tiburón en celo, surgió la música surf. ¿Qué cuál es esa? ¿Recuerda usted esa serie de Batman, la que veíamos en la tele porque no había nada mejor? Bueno, pues si es capaz de recordar el tema de inicio (taca, taca, taca, taca Bat-man) ese es un ejemplo de surf. Claro que hay mejores exponentes. Uno de ellos, todavía vivo y en acción, fue el autor intelectual: Dick Dale. Con su Stratocaster zurda y al revés, a la manera de Jimi Hendrix (te alabamos señor), Dick es considerado el fundador del género Surf. Junto a el vendrían otros como los Beach Boys, The Hurricanes, The Gamblers y The Atzimboys. En todos ellos hay elementos comunes, progresiones básicas que van de la dominante al cuarto grado, después al quinto, primos lejanos del blues, del country y de la ranchera mexicana, tremolos en acordes abiertos, corcheas que bailan sin control. Aunque estuvo en la cresta un breve tiempo, el surf nunca ha sido considerado música de masas. Es más bien un gusto que se comparten los conocedores, como los coleccionistas de estampillas, los rescatistas de ballenas o los aficionados a los rompecabezas.

En México los primeros acordes de surf se escucharon a través del cine, en las películas del Santo y Blue Demon, verdaderos caldos de cultivo que destilaban surf cada vez que una momia o una mujer vampiro aparecía en la pantalla. Sin embargo en los últimos años, muchos grupos de surf han surgido en México: Lost Acapulco, Yucatán a go go, Sr Bikini, Fenómeno Fuzz, Berenice, Los magníficos, Le Canavispón, Telekrimen, Las ultrasónicas, Quinta galaxia, Los esquizitos, Electroplasma, Balneario, Botica Xochimilco, Los javelin, Danny Amis… La mayoría de ellos operando en el circuito de la ciudad de México, encontramos desde interesantes propuestas que asimilan el surf y lo mexicano, hasta las mejores intenciones de hacerse famoso sin saber agarrar una guitarra. Sin embargo, es muy interesante que grupos como Sr. Bikini, Berenice y Los Magníficos estén respetando los parámetros originales del surf: piezas instrumentales, el predominio del ritmo sobre la melodía en las guitarras, los acordes abiertos con trémolo, el uso de los efectos originales. En piezas como Plato roto, sin ser una gran exposición musical, Los magníficos se escuchan como un grupo compacto que sabe que el surf es un subgénero cultivable y disfrutable. Mucho del imaginario que acompaña al surf mexicano proviene aún del ring y la ficción enmascarada: nombres como La invasión de los pasteles verdes (los magníficos), Niño Mutante, Vísteme de Kalimán (Yucatán a go gó), MPM La quebradora, Somos Zombies (de Telekrimen, una pieza que me gusta especialmente por su sonido). Y es que en la ciudad de México, que es el sandwich de los mundos y una verdadera capirotada cultural, estoy seguro que no tardaré en encontrarme a un Zombie vendiendo sus canciones en el metro, loable acción destinada a llevar una digna muerte en vida.

En el caso de discos como el de Yucatán a go gó, que incluyen canciones en las que el surf se mezcla con otros géneros como el rock, el punk y el ska, encuentro serias limitaciones en el manejo de algunos recursos. En piezas como Dentista, Resispunk y Abuela Zombie cuando mucho encontramos letras divertidas pero carentes de ritmo, abundan las guitarras desafinadas y el cantante descuida sus ejecuciones vocales dando como resultado rolas pobres, que en ocasiones llegan a sonar como música de aficionados. Pero nada, ni siquiera en la playa, puede ser perfecto.


martes 10 de noviembre de 2009

Las recetas de Briseño



Hoy se presenta en la sala de lectura Condesa (Nuevo León 71) el nuevo recetario del prestigiado Chef Guillermo Briseño. El rocanrolero revelará por fin su técnica secreta para preparar gelatinas, ensaladas y ceviches. La entrada es libre. Habrá degustación de blues y rocanrol.


jueves 22 de octubre de 2009

Festival Cantautores Trabajando



El día 6 de noviembre da inicio el Primer Festival Cantautores trabajando, es una celebración por lo que ha sido un esfuerzo de media década para llevar buenas rolas a foros dignos en la ciudad de México. Estaremos festejando todos los fines de semana de noviembre en el Centro cultural José Martí (saliendo del Metro Hidalgo).

A nosotros nos toca el turno el viernes 6 de Noviembre a las 5 de la tarde, compartiendo tablas con el dueto Cáustico. La entrada es gratuita, no hay pretexto...

jueves 3 de septiembre de 2009

en espera de Caín


(Tomado de agencia de Noticias)

El Nobel de Literatura José Saramago sacará el 14 de octubre su nueva novela, 'Caín', y a sus 86 años el escritor portugués afincado en España prepara ya otro libro mientras disfruta de la buena acogida de 'El viaje del elefante', éxito de ventas en varios países.
'Caín', una ficción sobre Dios y los hombres, se presentará el 14 de octubre en la Feria del Libro de Fráncfort y al mismo tiempo saldrá a la venta en español y portugués, indicó a la AFP la editorial Alfaguara.
El autor, que acaba de anunciar que prepara otra novela, presentará 'Caín' -en la que "cuestiona la figura de Dios" con "humor" e "ironía"-, en octubre en Lisboa y Oporto y se prevé que lo haga a comienzos de noviembre en Madrid, añadió la editorial.
'Caín' es "literatura en estado puro", aseguró recientemente en el blog del autor su esposa y traductora, Pilar del Río, que explicó que la nueva obra de Saramago tiene como protagonistas a Caín, el personaje bíblico hijo de Adán y Eva, a Dios y a la humanidad. La ficción se centra en "la divinidad y el conjunto de normas y preceptos que los hombres establecen en torno a esa figura para exigirse a sí mismos -o (...) a otros- una fe inquebrantable y absoluta, en la que todo se justifica, desde negarse a uno mismo hasta la extenuación, o morir ofrecido en sacrificio, o matar en nombre de Dios", revela Del Río.
'Caín', escrito por Saramago "con la cabeza alta, que es como hay que mirar al poder, sin miedos y con buen trazo", según su traductora al español, "no nos va a dejar indiferentes" y "provocará en los lectores desconcierto y quizá alguna angustia", advierte.
Se trata de la decimosexta novela de Saramago y sigue a 'El viaje del elefante', publicada el año pasado después de que el escritor se recuperara de una grave neumonía sufrida en 2007, y éxito de ventas durante los últimos meses en varios países iberoamericanos.
"No podemos pedir más, nuestro hombre ha cumplido y de qué manera. La edad, amigos, agudiza la inteligencia y agiliza la capacidad de trabajo", comenta Pilar del Río sobre la actividad y la edad del escritor.
Incluso antes de la publicación de 'Caín', el premio Nobel de Literatura 1998 acaba de anunciar que ha empezado a escribir una nueva obra y se despidió de su blog 'El Cuaderno de Saramago', que inició hace cerca de un año, para dedicarse de lleno a ello. "Comencé otro libro y quiero dedicarle todo mi tiempo. Ya se verá por qué, si todo va bien. Mientras tanto, ahí tienen 'Caín'", ofrece en su última entrada el autor del polémico 'El evangelio según Jesucristo', libro también de tema religioso que fue vetado por el gobierno portugués en 1992 para optar al Premio Literario Europeo.
El autor de 'La caverna' y 'Ensayo sobre la ceguera', residente desde hace años en la isla de Lanzarote, avisa sin embargo de que la despedida de su blog no es definitiva. "Si alguna vez sintiera necesidad de comentar u opinar sobre algo, llamaré a la puerta del Cuaderno", advierte el también poeta, dramaturgo y ensayista.

lunes 17 de agosto de 2009

Pa´bailar con García Márquez


Para gastar la suela, nada tan bueno como bailar los cuentos de Gabriel García Márquez. Sí señor, dije bien, bailar los cuentos del Nobel Colombiano. Si a usted le gustó leer Cien años de Soledad o Los doce cuentos peregrinos, busque pareja y pruebe bailarlos. Explícate carnal o ya viene el alcoholímetro pensará más de uno y con razón. Mejor me explico: regresa Rubén Blades al Auditorio Nacional, la cita es el 10 de septiembre. Conocido por su tema Pedro Navajas, Blades tiene una trayectoria como pocos: cuatro premios Grammys, más de veinte discos grabados y participaciones como actor en más de treinta películas internacionales, además de ser fundador del partido político Papá Egoró, con el que contendió por la presidencia de su país hace ya algunos años. Recién el pasado 30 de junio dejó el salsero su cargo como Ministro de turismo en el gobierno de Torrijos y ya está de gira. Para mí que tenía las maracas en el cajón del escritorio.

Defensor constante de América Latina, es increíble lo que se encuentra escuchando sus discos con atención. Por sus estrofas deambulan igual los personajes de Macondo que el “Calibán” de Shakespeare. Entre versos va rumbeando "del Callao hasta Tepito, del Caribe a la Patagonia", siempre frente al micrófono, sin dejar de mover las maracas.

En los años 80, Rubén Blades asumió como propia una problemática que era tarea de los filósofos y escritores latinoamericanos: la búsqueda de una identidad latinoamericana. El clímax de esa inquietud se expresa desde el título del disco Buscando América (Elektra, 1984). El álbum contiene sólo siete canciones: Decisiones, GDBD (un cuento cantado), Desapariciones, Todos vuelven, Caminos verdes, El padre Antonio y el monaguillo Andrés y Buscando América. Todas son de la autoría del panameño con excepción del tema Todos Vuelven, escrita por César Miró, y que da el nombre a su actual gira.
Desde una grabación anterior, el disco-drama Maestra Vida (Fania 1980), Blades desarrolla lo que sería conocido como la Salsa Narrativa (el término no es mío, es del venezolano Julio César Rondón, autor de El libro de la Salsa). Esta Salsa Narrativa puede ser identificada como aquella en la que se utilizan versos más largos y letras más extensas que las de la Salsa convencional, y en la que se cuentan historias complejas utilizando los recursos literarios propios del cuento e incluso de la novela corta. Yo sostengo que estas historias, en el caso de Blades, están tomadas en buena parte de la narrativa latinoamericana.

Estas inquietudes no se agotan en Maestra Vida; continuarán estando presentes en el álbum Agua de Luna (Sony 1987), cuyas letras están basadas en la obra del escritor colombiano Gabriel García Márquez, obedeciendo a una inquietud formal y discursiva ya manifiesta desde las primeras composiciones del salsero panameño, como en los temas Pablo Pueblo o Cipriano Armenteros.
No será esta la única alusión a la obra del Nobel colombiano en las canciones del salsero. También en el disco Doble Filo (Sony, 1987) Blades incluyó la canción Chana, basada en un cuento de García Márquez. En el soneo final de la canción, el panameño no duda en exclamar: “para que baile Gabriel García Márquez, gózalo Jejema!” (en directa alusión a las iniciales del nombre del escritor: GGM).

El triunfo definitivo de esta nueva forma de hacer Salsa lo obtuvo Blades cuando, en 1977, salió el disco Metiendo Mano, en el que compartía créditos con el ya famoso salsero Willie Colón. Un par de años más tarde, en 1979, vendría el que por muchos sería clasificado como el mejor disco en la historia de la Salsa: Siembra, y que habría de cambiar el rumbo que seguiría la corriente salsera en los años 80´s. Con canciones como Plástico, Pedro Navaja y María Lionza, que se convirtieron en verdaderos éxitos de ventas en todo el mundo, la Salsa Narrativa demostró que había llegado para quedarse. Si usted no conoce todavía la música de Rubén Blades, no lo piense mucho, cómprese un disco en la banqueta más cercana y pula el piso bailando con García Márquez. Ah, y nos vemos el día 10 en el Auditorio Nacional.

martes 28 de julio de 2009

El otro rey del pop

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Ya no quiero saber nada más de Michael Jackson. Desde que el bailarín sin nariz murió, no hace sino acecharnos desde cada rincón de la piratería. Reconozco que crecí escuchando Thriller y Smooth Criminal, y envidio legítimamente su coordinación motriz, pero este involuntario tour por Neverland ya derivó en náuseas. Si de negros cantantes se trata, aquí les traigo uno de verdad: Ray Charles.
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Los treinta no fueron una década fácil para los Estados Unidos: más de un millón de personas estaba sin hogar, había hambre, manifestaciones, huelgas y motines. En ese pesebre nació Ray Charles Robinson. Ciego desde muy temprana edad por un glaucoma que su familia no pudo tratar, Ray fue su propio maestro de música, por supuesto, en las calles. Con el tiempo, este joven invidente llegaría a ser simplemente Ray Charles, el genio.

La historia de Charles fue la de cualquier músico: refundirse en un bar tocando los éxitos de otros, es decir de Nat King Cole (otro rey del pop, este literalmente: Cole fue el primer afro americano en tener su propio programa de radio en los Estados Unidos). Fue así hasta que consiguió colocar una grabación en las listas, y obtener -en 1951- su primer éxito: Baby, let me hold your hand. Con esto, Ray pudo entrar al circuito de los festivales. Ocho años después, logró un éxito importante con la canción más popular de 1959: What'd I Say. Entonces, ya sentado en la cima, sus canciones fueron cantadas hasta por los Beatles.

Pero su historia apenas empezaba. Con estos precedentes, Charles comenzó a ir más allá de los límites de su síntesis blues-gospel: extendió su enfoque hacia la música pop, dando como resultado los temas Unchain my Heart y el número uno en los listados de Billboard: Hit the Road, Jack. Al igual que en el caso de Cole, los negros estaban dictando las reglas en un mercado principalmente blanco.


Ya en los 80, el trabajo de Charles fue severamente criticado por ser una copia de sí mismo (pero por dios ¿qué es el Pop?). Con algunos conflictos personales -todo el mundo sabe de la adicción de Charles a la heroína- el genio se concentró en espectáculos en vivo, aunque su versión de Georgia on my mind pronto fue proclamada como la canción por excelencia del estado norteamericano de Georgia. (En este caso el pop-ulismo fue de los congresistas, pero bien por la estrategia. Aquí todavía le falta para que veamos a Jaime López en el Senado…)

Hace poco más de cinco años que el genio se fue y sigue haciendo travesuras: a finales de 2004, Emi music ha editado sus últimas grabaciones bajo el título de Genius loves company. También se editó un DVD en el que artistas de country, el blues y el pop interpretan sus piezas como un último homenaje: B.B. King, Natalie Cole (ahora es la hija de Nat King Cole quien canta a Charles), Bonnie Raitt, santa Norah Jones, y Willie Nelson pasan lista. También Warner ha reeditado la colección de sus discos a precios accesibles, y siempre quedará la opción de recurrir a los bucaneros de las banquetas… Hablando de piratas, un favor: olvídense ya de Michael Jackson. Eso sí, larga vida a Ray Charles.

miércoles 22 de julio de 2009

Como un fantasma dentro del humo


Uno por la pena, dos por la alegría. Tres por las niñas, y cuatro por los niños. Cinco por la plata, seis por el oro. Siete por un secreto que nunca deberá de ser contado.
En 1993 aparecieron en la escena musical los Counting Crows, un grupo que, en el principio, fue catalogado dentro del movimiento de grunge o rock alternativo que desde Seattle estaba reclamando la vista del mundo entero gracias a bandas como Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chains. Sin embargo, los cuervos no eran de Washington, sino de California, y más temprano que tarde sacudieron sus plumas. Recuerdo haber visto -durante mi adolescencia- el video promocional de su primer disco: la canción era Mr. Jones y, desde un re menor más bien rudimentario, los cuervos declaraban sus principios: todos queremos ser estrellas, pero no sabemos por qué, ni sabemos cómo.

Para ser franco, la rola no me pareció muy buena. Pero es el destino el que rompe el cántaro y no el río: un par de meses más tarde, un amigo me pidió que lo acompañara a un largo viaje por carretera en su automóvil. Acepté, sin saber que llevaríamos a los cuervos de polizones; era el único caset que no le habían robado de su auto una semana antes, era eso o cantar los elefantes. Bastó la primera frase para ponerme definitivamente de su lado: paso por la puerta como un fantasma dentro del humo, donde nadie se da cuenta del contraste del blanco sobre el blanco. Caray, pensé, si estos tipos tienen esta clase de letras, merecen ser escuchados. La rola completa era buena, comparto rebanadas: Y entre la luna y tú, los ángeles tienen una mejor visión de la sesgada diferencia entre lo correcto y lo indebido…Por aquí todos hablamos como leones, pero nos sacrificamos como ovejas…Después ella ve a lo alto del edificio y dice que tiene ganas de saltar, ella dice que está harta de la vida, más bien debe estar harta de algo…Casi todas las letras están escritas por Adam Duritz, quien es también la voz cantante y toca algunos pianos. Hasta donde yo sé, Duritz es doctor en filosofía, y un serio estudioso de poetas de todas las latitudes. No obstante, hay mucho de narrativa en su forma de hacer canciones: es frecuente la aparición de personajes (casi siempre femeninos: María, Elizabeth, Margery) y no es raro encontrar un planteamiento y un desenlace a la manera del cuento. Además, Duritz recurre al cambio deliberado de primera a tercera persona en la voz narrativa para producir algunos efectos en el lector-escucha. Tal vez por eso me atrapan: a los Counting Crows no sólo hay que escucharlos, hay que leerlos.

Hoy cuento con casi toda su discografía: August and everything after, Recovering the satellites, This desert life, Across a wire, Hard Candy y una antología reciente titulada Films about ghosts. Además, gracias a la piratería internacional, he conseguido Flying Demos (maquetas voladoras) y tres grabaciones inéditas de conciertos.

En cuanto a lo musical, cualquiera de los discos es muy recomendable. Con un sonido que recupera un poco del rockabillia sureño, y algunos registros propios del country y el blues, los Counting Crows cocinan un rock digerible pero no por ello poco nutritivo. Mientras August and everything after está poblado de guitarras limpias y un sonido más reflexivo e introspectivo, Recovering the satellites es un material enérgico, con huesos distorsionados y baterías estridentes que, no obstante, dejan el espacio necesario a unos versos bien vulkanizados. En este disco viene una de mis rolas favoritas: Another horsedreamer blues. Una característica importante de este grupo es que no graban en un estudio, sino que montan su equipo en una casa (en alguna colina de California, dicen ellos) y pasan allí los meses necesarios para la gestación. El resultado es un sonido claro, compacto y con sabor a cochera. Al escucharlos uno no tiene la impresión de estar frente a un artista sobreproducido o maquillado, propio de la industria californiana, jolibudense y silicónica, queda más bien en presencia de siete buenos músicos que disfrutan su ensayo. Ellos saben su fórmula, y como en la tradición gringa, un niño canta y cuenta cuervos, pero no revela nunca sus secretos.

viernes 10 de julio de 2009

Décimas en casa (reloaded)


En marzo del año pasado publicamos aquí las Décimas en casa. Después de no mucho pensarlo, traemos hoy una actualización: las décimas en casa segunda parte (o reloaded, para mejor darme a entender). Léanse bajo el presupuesto de que ni Torres ni yo somos los mesmos.
Heráclito dixit. ¡Salud!

Hoy Torreón es muy distinto
y en lugar de los nopales
grandes centros comerciales
conforman un laberinto
de asfalto, es un recinto
donde se encuentra de todo
Amy Winehouse y El Recodo
conviven todos los días
y en el Starbucks las sandías
están buscando acomodo


Se mezclan como si nada
los dátiles y el arroz
Pedro Infante, Mario Bros
cuerno de chivo y espada:
es la voz desenfrenada
de la globalización
y entre tanta confusión
y entre tanto desatino
presiento que su destino
es una interrogación

jueves 25 de junio de 2009

de los rábanos chiapanecos


Del Tarumba de Jaime Sabines, este poema que me hace no perder las esperanzas.
Maestro, con su permiso:

Mientras como un rábano y tomo una cerveza
a la hora del calor, me acuerdo
del sueño de anoche.
Siento un bienestar erudito en la lengua
de la sal y del beso.
¡Con qué suavidad la unté sobre mi cuerpo!
¡con qué yodo de amor la quise!
La tengo todavía, penetrada,
sola de mí, perfecta,
hecha para mis brazos y mi boca.
Con el calor, a solas, la recuerda mi vientre,
más fiel que mi corazón, y la desea.
El dulce viento me despierta en las ingles
su contacto, su aroma, su innumerable amor.

jueves 11 de junio de 2009

Cada quién su monstruo

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con todo mi agradecimiento para
Nicolás Palleiro y Rebe... Salud!
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Son las 20: 47 de la noche. Con precisión de eclipse, comienza el rito. Se escuchan los acordes de Ecstasy of Gold: Metallica en vivo. Estoy parado sobre las puntas de los pies, tratando de ver a mis héroes de la adolescencia aparecer sobre el escenario, pero nada, aún no salen. Termina el tema de Morricone e inmediatamente inicia Creeping Death: James Hetfield brinca a las tablas. En ese momento soy Moisés frente a la zarza en llamas.

La banda no dio tregua, terminando Creeping Death comenzó Fuel. El público coreaba: dame aquello que deseo. En respuesta, cuatro enormes torres de bocinas vomitaban metal y más metal. A los lados del escenario, titánicas flamas iluminaban a un Hetfield sobrio y perfectamente afinado que cantaba sin dejar de exprimirle duras notas a la guitarra. Tujillo, a la derecha del padre, ensayaba sus gorilescas rutinas en clave de Fa, mientras Lars y Hammett hacían su labor con gangsteril satisfacción. Así pasaron Wherever I may Roam, Fade to Black, y el nuevo Cyanide. Yo, que pensaba estar disfrutando el concierto, no podía ni presentir lo que venía. Pero ¿es que acaso Moisés se imaginaba un souvenir del tamaño de las tablas de la ley?
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Metallica había eructado ya un par de nuevos temas cuando sonaron los acordes de …and Justice for all, y entonces SÍ, sobre el escenario, apareció Metallica. Quiero decir el Metallica que canta que la justicia es una señorita violada, que el poder es ejercido por lobos en salones color verde dólar, que critica el paraíso de donde manan las golosinas y refrescos de cola, advirtiendo que el palacio del tío Sam está hasta el borde de mierda. Y lo encontré todo tan cruel, tan verdadero, tan real. De pie, frente a mí, estaba El Monstruo.
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Así los conocí yo en el lejano 1988, cuando estrenaban su cuarto disco: And Justice for all. Entonces yo era casi un niño, y cada canción del recién adquirido cassette me exponía un nuevo problema: desastres ecológicos (Blackened), corrupción e inequidad social (and justice for all) censura y falta de libertad de expresión (Eye of the beholder), la guerra y sus desastres (One), la manipulación de la información con fines políticos (The shortest straw), la anulación del individuo en una sociedad que se proclama como garantía de la libertad (The frayed ends of sanity) y la disolución de los referentes existenciales (Dyers eve); todo eso mucho antes de que fuera tan cool ser posmoderno.

Para mí, después de …and justice for all, el mundo fue otro. El descubrimiento de Metallica significó no sólo un cambio radical en mi fonoteca: tuve que reconstruir mi visión para aceptar que yo formaba parte de una sociedad con más problemas de los que creía, y que el paraíso no se encontraba ni siquiera brincando el Río Bravo. Digerir toda esa lírica, tan cruda como hipnótica, representó el brinco definitivo de la infancia a la adolescencia y, de paso, definió mi vocación.

Vuelvo a 2009. El foro Sol estallaba y los miembros de la banda no daban trazas de fatiga. Así pasaron One, Master of Puppets, y Dyers Eve. A los lados del conglomerado principal, algunos fans iban a los retretes, otros descansaban tras dos horas de slam ininterrumpido al amparo de los vendedores de cerveza. Cuando inició Nothing Else Matters, la luna llena tocaba el punto más alto sobre el escenario: Every day for us is something new… El estadio fue una sola garganta, y Hetfield se arrodilló sobre el tablado.

Comenzó Enter Sandman. Dos generaciones se levantaron del suelo y aquello fue el trailer del Apocalipsis. Para cerrar habrían de venir The Wait, Hit the lights y Seek and destroy. Después, nada. Regresé a casa con la sensación de que no había asistido a una cita para matar neuronas agitando la mata, ni a una enorme galería de playeras negras con diablos y calaveras espolvoreadas ad libitum. Volví sabiendo que había participado de un feliz reencuentro, igual que todos. Cada quién con su monstruo.

sábado 6 de junio de 2009

Una cebra entre los burros


Charlatán, héroe, anticantante, periodista, líder de opinión, payaso, buscavidas o poeta, Joaquín Sabina es uno de los pocos nombres que han transitado con éxito por las vertiginosas pistas del elepé, el caset, el cidí y el aipod. Acaba de cumplir los sesenta, y sigue tan joven y tan viejo como cuando nació. Algunas de sus canciones más conocidas son, Y nos dieron las diez, Pongamos que hablo de Madrid, Calle Melancolía y La canción más hermosa del mundo. Pero ¿qué le ofrece este cantante de voz aguardentosa a su público que tan fiel se porta con él?

Joaquín Ramón Martínez Sabina nació en Úbeda, España, en 1949. Es hijo de un agente de la policía secreta española y un ama de casa. Durante la infancia fue un estudiante ejemplar y disciplinado en los colegios jesuitas. Antes de cumplir los veinte años, participó en las revueltas estudiantiles de 1968. Ya por entonces empezaba a dar de guitarrazos, inspirado en Bob Dylan y en los Rolling Stones. Será en 1978 cuando aparezca su primera grabación bajo el nombre de Inventario. Es sólo la locomotora que arrastra tras de sí un tren de dieciséis discos, entre ellos los memorables Malas compañías, Mentiras Piadosas, Física y Química, Yo mi, me, contigo, Enemigos íntimos, 19 Días y quinientas noches y Nos sobran los motivos. Además, ha colaborado con personajes tan distintos como Manu Chao (ex Mano Negra), Rocío Durcal, Pablo Milanés, Charly García, Ana Belén, Fito Páez o Alejandra Guzmán.

Muy bien, ahora ya sabemos que el español tuvo una infancia feliz y una juventud como pocas. Pero la pregunta sigue abierta ¿Qué hay en sus canciones para que miles compren sus discos y llenen los auditorios donde se presenta?
Creo que en gran parte se debe al humor contenido en sus canciones, al personaje gangsteril que Sabina ha creado de sí mismo (casi un Tony Soprano con guitarra). Pero no es todo, es también una refrescante visión del amor, como un sentimiento que se da entre humanos y no entre estereotipos, y a una crítica sin panfletos que apunta siempre desde una trinchera cotidiana. Porque en las rolas de Sabina hay más espejos que catecismos o fusiles. Cuando la canción social corre el riesgo de convertirse en panfletarias lecturas de Marx con guitarras acústicas de fondo, los versos rocanrotangueros de Con la frente marchita serán siempre el tulipán que brotó en el periférico.
Quizá el mérito principal en la obra de Sabina sea ése, su proselitismo en favor de la poesía. Y quisiera dejar algo bien claro: no es que la poesía contenida en los versos de Sabina sea en realidad muy alta. Para acabar pronto, no creo que existan separadas la buena poesía y la mala poesía, existe la poesía y punto. El problema es si la poesía está o no está en donde se le espera. En un contexto en el que la tradición lírica no le quita el sueño ni a los cantantes, ni a los productores de discos, ni a los productores de conciertos, ni al vendedor de los cidís, el primero que haga una metáfora corre el riesgo de ser tomado como un verdadero Quevedo. Mi abuelita decía: en tierra de ciegos el tuerto es rey. Si los cantantes de voces portentosas (y las divas de traseros memorables) nos dieran esa dosis de lírica, Sabina ya estaría alimentando palomas en la puerta del sol.
Y entonces, ¿qué con Joaquín? Pues que hay que reconocer su mérito: el de Úbeda no oculta que su verdadera intención es la del bardo, la del herrero de vocablos. Admirador de Bryce y de Sor Juana, de César Vallejo y Nicolás Guillén, el cantautor español tiene publicados varios poemarios, entre ellos uno de sonetos titulado Ciento Volando, de Catorce. Ese gusto por el manejo de los recursos poéticos se detecta en sus canciones. Y yo así, sí se las compro. Tan sólo por sus metáforas, estas rolas llevan en el vientre el antídoto a la caducidad prematura que impone la era del MP3: al preocuparse por mantener viva la tradición de los endecasílabos, Sabina se destaca como una cebra en una manada de burros. Así, y nada más.

jueves 14 de mayo de 2009

Más Beatles y menos sopa

Mi madre cuenta que cuando era niño siempre le pedí una hermanita. No sé de donde me salió la idea, supongo que quería más compañeros de juego. La demanda no prosperó y la cigüeña nunca trajo a la hermanita, pero la insistencia debió ser mucha, porque un día mi madre llegó a la casa con Mafalda.

Recuerdo bien esa tarde: sentados en el suelo de mi casa, empecé a hojear el libro mientras ella me decía como se llamaban los niños que yo veía en los dibujos: Mira, dijo, ella es Mafalda, él se llama Manolito y tiene una tienda, él es Felipe, ella es muy chiquita y se llama Libertad. Contento, me sumergí en las calles por las que Manolito corría con su canasta, anduve en el parque donde aquellos niños jugaban a los vaqueros y al futbol. Al poco tiempo, no me bastó con ver los dibujos; yo quería saber lo que decían los pequeños; así, con ayuda de mi mamá, aprendí a leer. Lógicamente, vinieron las preguntas: Mamá, ¿Qué es Vietnam? ¿Por qué Mafalda le puso Burocracia a su tortuga? ¿Quién es Fidel Castro? ¿Qué es la ONU?

Tardé muchos años en entender algunas de las tiras. Las leía una y otra vez, buscándole sentido a las frases que no lograba comprender. Muchas veces, igual que los padres ante las preguntas de Mafalda, mis padres no tenían para mí respuestas satisfactorias. Las preguntas generaban más preguntas. Tal vez por eso es que hoy, con frecuencia, veo el mundo con los ojos de Mafalda. Sé que no soy un caso único: debe haber miles de hombres y mujeres que, desde los sesentas, fueron educados con los personajes de Quino. Hoy, muchos de ellos están a cargo de ese planeta que a menudo tiene fiebre.

Originalmente, Mafalda fue concebida por Quino como parte de una estrategia de publicidad para unos aparatos electrodomésticos. Mucho mundo habría de recorrer la niña del moño en la cabeza desde su nacimiento hasta hoy: ha sido publicada en todos los países de América Latina, en Francia, Alemania, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Italia, Canadá, Portugal, los Estados Unidos, España y Grecia, entre otros. ¿De dónde viene el carisma de esta niña? Sin duda una buena parte está en la simpatía de la infancia. Con Mafalda, el lector descubre el mundo como lo hace casi cualquier niño. Pero no es sólo eso. Al mismo tiempo que lo descubre, la niña cuestiona al planeta entero. Mafalda es, simultáneamente, resultado y necesidad de su tiempo: los hippies, los Beatles (su grupo favorito), Vietnam, la Revolución Cubana, la revolución sexual. La época del gran optimismo; el mundo podía ser cambiado: la humanidad tenía esperanzas. Detrás de las preguntas de Mafalda no hay pesimismo; hay un arsenal de grandes ilusiones. Esa pequeña niña representa la posibilidad de una generación humana para la que la lógica mundial no incluirá guerra, hambre o desigualdad social. Sin embargo, su bandera no es el comunismo. El comunismo es casi tan malo como la sopa, pero el “mundo libre” no es mejor: los dos están siempre a punto de apretar el botón que volará al mundo. La esperanza reside en el impulso de la vida por sí misma, no en programas políticos.

Muy pronto se cumplirán 36 años de la última aparición de Mafalda en público. Eso fue en el lejano julio del 73, en las páginas del semanario Siete Días. Mucha gente me ha contado que existe una tira, hecha por Quino, en la que Mafalda muere atropellada por un camión de sopa. Ignoro si eso es verdad. Hasta donde yo sé Mafalda sigue viva, aunque pasa el tiempo de incógnito. En todo caso eso se dice siempre de las grandes leyendas como Marilyn Monroe, Pedro Infante o El Rey Elvis.
Si mi teoría es cierta, hoy Mafalda tendría 45 años de edad y trabajaría en la ONU o en algún organismo parecido. Es muy probable que estuviera casada y tuviera hijos. ¿Cómo le explicaría a su pequeña hija la invasión a Irak, el Sida o los homicidios masivos en nombre de la libertad? No lo sé. Pero tengo la seguridad de que, ahora que el mercado absorbió el beat y la sicodelia, que los pantalones de los jóvenes han vuelto a ser acampanados y que las bombas siguen cayendo, Mafalda encontraría en su hija un buen motivo para seguir buscando las respuestas.

lunes 4 de mayo de 2009

Como las mueve Shakira

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Será que yo tengo tan poco que presumir, y será también que Vishnú me negó los dones que tan bien prodigó en tantos otros seres, que he terminado por rendir aquí mi homenaje a todas ellas, las que cantan de espaldas. Como bien dijo Chente: ¡no queda otro camino que adorarlas!
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Hoy que los sueños se alquilan
y no importan las razones
el arte de hacer canciones
es algo que no asimilan
ni los adeptos a Dylan,
ni el público de Selena:
la rima tiene gangrena
-hay lepra en sus consonantes-
y los juglares de antes
se pudren en la alacena

Lo de ahora es el peinado
y el video promocional
el puro fashion, carnal,
¿y el atole? ¡bien aguado!
un sonsonete trillado
con mucha bisutería
Pero quién pudiera, un día,
(disculpen mis pretensiones)
mover así las canciones
como las mueve Thalía

Porque el verso no es sencillo
en la lengua castellana
y en este Slam fue Sor Juana
la morsa con más colmillo:
con el dedo en el gatillo
y la palabra en la mira
mucho mejor que Shakira
las movió en el hit parade
de la historia,
y hasta el rey
fue a verla cuando hizo gira

Reconozco, por mi parte
que soy sólo un aprendiz
asomando la nariz
entre las musas y el arte:
un exiliado de Marte
un Buendía, un D’Artagnan
hijo del hijo de Adán
más hormiga que cigarra
que -a veces- con la guitarra
consigue ganarse el pan.

martes 24 de marzo de 2009

Las cucarachas de Saúl



El desempleo lleva a situaciones insólitas pero no irracionales. Así comienza el cuento Trópico de Cucarachas, de Saúl Rosales Carrillo. Escrito en primera persona, la historia se desliza entre el humor y la crítica a una sociedad antropófaga, —cucarachófaga, dirá el narrador y personaje principal de la historia— que provoca la depredación entre sus propios integrantes.

El argumento es, a primera vista, simple: un joven periodista capitalino llega a una ciudad de la provincia. Tras obtener un empleo mediocre como corrector de estilo en un periódico, logra hacerse de una casa de interés social que descubre infestada de cucarachas. Molesto por esa situación, el inquilino comienza a practicar diversas técnicas y recetas para el exterminio de los insectos, pero sus esfuerzos resultan vanos y cada día parece haber más cucarachas en la casa. En el trabajo es ascendido a reportero, lo que significa una mejoría en su calidad de vida, o cuando menos eso piensa al principio. Sin embargo, en sus reportajes, el joven periodista empieza a tocar a personajes importantes en la vida pública y estos emprenden una campaña de exterminio contra él. Ante la presión, prefiere renunciar, no por cobardía, sino por impotencia, aclarará en sus reflexiones. Entonces, el odio hacia las cucarachas que comparten su soledad se transforma. En el fondo ellas y él no son tan distintos, son víctimas del rechazo y la segregación. Y si de la identificación común a la simpatía hay un paso, también es cierto que, aunque no se tenga empleo, algo hay que comer.


Esta historia le sirve de plataforma a Rosales Carrillo para crear una alegoría basada en las similitudes entre los insectos de las alcantarillas y los humanos. El lenguaje y la psicología del personaje irán tornándose confusos, haciendo evidente que la pertenencia a uno u otro género (humano o blatario) no es una cuestión tan definitiva como la ciencia ha pretendido establecer.
El protagonista, del que no conocemos su nombre, es visible en el texto a través de los recuerdos, la reflexión y las descripciones que él nos hace de sí mismo y de su entorno. Por cortesías de la memoria, en una voz siempre en primera persona y no exenta de la ironía denunciante, el personaje central expone ante el lector la forma como pasó de ser un individuo productivo, con expectativas en ascenso y enemigo de las cucarachas que era antes; a ser el rechazado social, noctívago y solidario con los insectos que es hoy.
Las constantes alusiones anfibológicas con las que el narrador alude a las cucarachas de uno y otro género (las de corbata y las de antenas), logran crear en el texto lo que hemos llamado una poética sapiens-blataria permanente, que refuerza y habilita este sistema metafórico:
“Lo cierto es que cada milímetro del mundo les pertenece. Entran y salen de la dirección de empresas, oficinas públicas, bancos; de coladeras, resumideros, cloacas, alcantarillas, atarjeas, registros de los drenajes caseros y de la calle.

Así, la mayor parte de los acontecimientos narrados se ubican en un pasado indefinido, nostálgico-nebuloso, aunque no completamente lejano (Yo no sabía nada de esto, llegué de un lugar, fue entonces cuando advertí, en aquel tiempo aún me permitía…) que terminará desembocando en el “momento actual” que permea a todo el cuento y desde el cual todo es rememorado, evocado, retrotraído. Es el regreso a ese “momento actual”, principio y fin de la narración, lo que constituye el efecto único y el desenlace de la historia; al final, el narrador confiesa que él también es cucarachófago: Sobrevivo gracias a mis crujientes pero jugosos congéneres.

jueves 5 de marzo de 2009

Pura Sangre

A más de cuatro siglos de su nacimiento, las décimas de Espinel siguen teniendo vida. Salud por los potros de diez patas!

Todo se puede escribir
en décimas si se quiere
la cosa está en que prospere
lo que se intenta decir
Lo primero es decidir
el tema de mi espinela
¿Algo triste, algo que duela?
tal vez algo divertido
y una vez que se ha elegido
hay que picar las espuelas

para que en la hoja avance
nuestro potro de grafito
al principio despacito
si no corre, denle chance
después no habrá quién alcance
a mi caballo con alas
los críticos y sus balas
dejaré atrás como un rayo
me hará ganar mi caballo
en las buenas y en las malas.

jueves 26 de febrero de 2009

Serenata

para Gioconda Garrido


Tú no sabes Gioco
que yo soy un cacto triste
-miserable-
una nube de huesos remendados
un tractor pidiendo permiso
para despegar
Tú no sabes, Gioco
que una canción es un charco de tiempo
un árbol errante
y que montado en mi potro
de trapo y estopa
cantando mis himnos
cabalgo dejando mi rastro de lodo
en las alfombras del rey
En cambio, mi Gioco, tú sabes
hacerle el amor a una silla
cantar al compás de las puertas
cerrar las ventanas
en vísperas del huracán
Tú, Gioco
tienes los brazos de luna
que busca Cosette
por eso te canto
sin despertarte.
Entérate niña
este arrullo
de letras
es tuyo.

jueves 19 de febrero de 2009

Comala Blues


No es secreto para nadie: norteño nací y norteño me quedo. Y para muestra, dos décimas. !Ajúa!

Ni Dylan, ni Luis Miguel
ni Elvis, ni Frank Sinatra
ya me lo dijo el siquiatra:
no te compares con él
Ni siquiera Juan Gabriel
Los Rolling, la Santanera
¿John Lennon? qué más quisiera
pero es un gusto, eso sí
traer mis rolas aquí
de la región lagunera

Son canciones del desierto
Y del cerro de la cruz
Cumbia, rock, redoba, blues
melones de nuestro huerto
va dedicado el concierto
al tour del Ruta Dorada
a los lonches de adobada
al Bosque y a la Colón
mis muertos en el panteón
ya se saben la tonada

viernes 13 de febrero de 2009

La del pirata Cojo


Como bien me recordó mi buen amigo Trejo, hoy festeja sus primeros sesenta El pirata cojo, El asesino de la rubia platino, El flaco de úbeda; Don Joaquín Sabina. Odiado por muchos y amado por más, aquí tiene sus mañanitas bien temperadas en la tinta del bardo de Torreón:

Torta y sesenta velitas

Por Trejo

Siete monjas carmelitas,
sacerdotes salesianos,
dos poetas Parnasianos,
un tumulto de adelitas,
torta y sesenta velitas,
Quevedo, Lope, Cervantes,
damas no tan elegantes,
colchoneros, Maradona,
Olga, de Diego y Varona,
también antiguas amantes;
se darán cita en el siete
de calle melancolía,
doce de febrero el día
a celebrar el banquete;
música, alcohol, cubilete,
de champán una piscina,
algunas líneas de harina,
orgía y guerra de almohadas,
abrazos y carcajadas
porque cumple años Sabina


para ver la nota completa y dos sonetos más visiten la revista: http://www.dealgodon.blogspot.com/

domingo 25 de enero de 2009

Soneto de los profanos versos

Le debía a mi paisana Enriqueta unos versos de buen viaje. Ahora sí; aquí están, esperando que, como dijera el Piporro, disculpe lo mal trovado. ¡Hasta pronto maestra, apárteme lugar!

Quién pudiera, en el centro del pecado,
portarse como aquel anacoreta
ser voyeur que registre en su libreta
las urgencias de un dios por triplicado

y al desierto, como a un lugar sagrado
regresar, acarreando en la maleta
los versos más profanos del planeta
teniendo a lo divino como aliado

Quien pudiera, —repito— en este mundo
tener al Hijo, al Padre, por testigos
ser novia que proclame un sí rotundo

convidar del banquete a sus amigos
y dormir luego el sueño más profundo
bajo el oro pequeño de los trigos.

martes 6 de enero de 2009

50 velitas!

Llámenme como quieran: anticuado, soñador o ingenuo. Este primero de enero se celebraron 50 años de la Revolución Cubana. No es cualquier Revolución; se trata de un verdadero salmón nadando contra la corriente. Aunque en muchos aspectos mantengamos una visión crítica, estamos conscientes de que la historia de la Revolución Cubana ha sido un ejemplo de resistencia frente a los Estados Unidos que han intentado, por todos los medios, aguarle la fiesta a la isla. No sólo con el bloqueo económico, sino con múltiples sabotajes, incluyendo la guerra. Por eso, en este espacio hoy soplamos con alegría las cincuenta velitas de una Revolución hecha no sólo por Fidel, el Che Guevara y Silvio Rodríguez, sino por cuatro generaciones de cubanos. Para festejar mejor, dejo mis versos:

Se cumplen cincuenta abriles
de Fidel y sus barbudos
aquí mandamos saludos
a los peones y alfiles
que tomaron los fusiles
en esa hora bendita
porque el mundo necesita
más amor, menos bloqueos
por eso entre el bombardeo
cantamos las mañanitas

Como el salmón cuando nada
va de reversa en el río
-no es necedad, su albedrío
lo alerta de la emboscada-
así en aquella alborada
de enero en 59
se nos mostró de relieve
que la historia se moldea
desde el bohío y la aldea
cuando el humano promueve
g
una sociedad más justa:
-medicina, educación-
y hacer al ritmo del son
una Patria más robusta.
Ningún contratiempo asusta
a quien domina sus cuitas
por eso aquí, con negritas:
le decimos a Fidel
¡compartimos tu pastel
con sus cincuenta velitas!